Los arauacos: diezmo y colonización del
Caribe
Dr. Juana Iris Goergen
Prepared for delivery at the 1998 meeting of the
Latin American Studies Association, Palmer House Hilton Hotel, Chicago,
Illinois, September 24-26, 1998.
"Ni matar ni robar indios se tuvo en estas Indias
por crimen" B. Las Casas
Siguiendo los presupuestos de Martín Lienhard La voz y su huella
y de Walter Ong Oralidad y escritura, en este trabajo me propongo mostrar
"la violencia de la escritura", o por decirlo mejor, de la conversión
escritural de la oralidad indígena del Caribe, como modo de completar
la tarea Colonizadora de borrar la memoria histórica, práctica
fundamental en el Caribe.
Todo parece indicar que para los conquistadores, la operación
de escribir, sea como gesto simbólico, o como metáfora -escribir
en las almas de los indios- apuntaba siempre a una práctica de
toma de posesión, santificada en última instancia por la
religión del Libro en cuyo nombre se realiza. Los europeos, convencidos
-por su propia práctica de la existencia de un vínculo orgánico
entre la escritura y un sistema ideológico/religioso, no tardaron,
en considerar
los sistemas de notación autóctonos como invenciones del
demonio, fundador según ellos de las idolatrías,indígenas.
Para hacer abjurar a un indio de su religión, el misionero conquistador
necesitaba creer que su religión era superior a la del indio. Para
los conquistadores las narraciones orales de las cosmogonías indígenas
eran "supersticiones y locuras
de hechiceros", "bobadas y necedades" o "hechicerías
propias de hombres maliciosos y charlatanes" (Colombres, La conquista
espiritual, p.153).
Para los pueblos indígenas del Caribe -como para el resto de América-
la religión es, entre otras cosas, la sistematización de
múltiples experiencias históricas que deben ser comunicadas
y memorizadas a lo largo de generaciones. A través de sus narraciones
cosmogónicas los pueblos indígenas se comunican con su pasado.
Para el europeo en cambio, -por lo menos para el europeo que llegó
a América, la religión era una ideología.
Visto de esta manera, la destrucción del sistema oral autóctono,
basado en una articulación equilibrada entre "Palabra archivadora"
y "palabra viva" (Ong, 198ó, 3ó), Y la imposición
arbitraria de un nuevo sistema en el cual el europea predominio absoluto
de la "divina" escritura europea relega a la ilegalidad las
diabólicas "escrituras" autóctonas, marginando
al mismo tiempo la comunicación oral, constituirá el trasfondo
sobre el cual surge la literatura del Caribe y la del resto del continente.
Así enfocado, tiene sentido que el historiador Acosta haya visto
el "mundo nuevo" -por ende a sus habitantes- como un "mundo
viejo" por lo "mucho que hay dicho y escrito de él",
podríamos con seguridad añadir recordando a O'Gorman, y
por lo mucho "inventado" sobre él.
En definitiva los llamados "indios" son el producto de la imaginación
de sus "descubridores". El más imaginativo de todos,
Cristóbal Colón, inventó las Indias, pero no hay
evidencia de que haya inventado de antemano al indio. Este más
bien fue un accidente en su empresa. Por lo tanto, esos seres humanos
que encontró a su llegada no podían ser más que una
prolongación de aquellas Indias, es decir . . . un indio. La descripción
que de ellos hace en su diario es altamente contradictoria. Por un lado,
"ellos son", dice el almirante, "gente pacífica.
. . van todos desnudos. . . y son todos de buena apariencia" ; por
otro lado, según su Diario, estos indios "llamados también
Arauacos", hablan de una isla,
"la cual decian que era muy grande y que habia en
ella gente que tenia un ojo en la frente, y otros que se llamaban caníbales,
a quien mostraban tener gran miedo. Y des que vieron, que lleva este camino,
dice que no podian hablar porque los comian y que son gente muy armada"(Diario,fol.2óB),
Acto seguido, vuelve a comentar: "que Caniba no es otra cosa sino
la gente del Gran Can". Estas dos polaridades de la inventive de
Colón con respecto de los "indios" -su pasividad y sus
prácticas de canibalismo- se convertirán en la "excusa"
necesaria para justificar la esclavitud, la encomienda y ultimadamente
el diezmo de los grupos nativos del Caribe.
EI ser humano "más allá de los mares" fue transformado
de una sóla mirada en un "indio" y sus atributos fueron
inventados de acuerdo a la imaginación colombina . En su mente
se cruzan distintas coordenadas: la mística medieval, el honor
caballerezco y sobre todo aquél nuevo ídolo europeo que
amenaza desplazar a todos los demás: el oro. Por si fuera poco,
Colón es uno de los primeros en pertenecer a esa nueva especie
humana -que nacerá con el descubrimiento accidental de la "redondez"
del planeta -el cosmopolita. Español, genovés, portugués
y quizás todo a la vez. Antes de que el universo fuese conocido
como visión geográfica, Colón ya era universal. Incluso
había descubierto a las Indias y los indios hubiesen sido para
él la simple confimación de sus fantasías? Como apunta
Todorov, Colón
sabe de antemano lo que va a encontrar: la
experiencia está ahí para ilustrar una verdad que se posee;
no para ser interrogada, con vistas a una búsqueda de la verdad.
Con cierta suspicacia, podría decirse que Colón procedía
según la misma metodología de los etnólogos modernos.
Primero inventaba al indio, después lo describía y, finalmente,
lo clasificaba. ¿No será ésta razón suficiente
para que sus futuros "descubridores" se consideraran con el
derecho de matarlo? Si el indio es una invención del descubridor,
el indio le pertenece.
Colón descubrió al indio como simple prolongación
de la naturaleza. En ese sentido, fue el primer "etnólogo"
que recurrió a la idea de los "pueblos naturales". Sin
embargo, no fue hasta su segundo viaje, como revela su diario, cuando
comenzó a tomar conciencia de las posibilidades que traía
la existencia de aquellos seres humanos a los que había bautizado
como indios. En el segundo viaje, Colón ya no estaba poseído
por el espíritu místico que le acompañó durante
el primero. Las Indias ya estaban descubiertas y Colón mismo se
había transformado en un hombre práctico -la palabra "oro"
se repite hasta la saciedad, más aún que la palabra "Dios",
como obesrvó agudamente Sanz. En ese segundo viaje, Colón
iba acompañado además por tres personajes que eran símbolos
anticipativos del futuro proceso de "conquista": un militar,
un sacerdote, y un comerciante -la guerra, la evangelización y
las ganancias materiales. Cada uno de estos personajes, en su respectiva
dimensión, sería al igual que Colón, "un descubridor".
Esto quiere decir, que cada uno de ellos inventaría un indio propio,
de acuerdo a sus fantasías, proyectos e intereses.
Don Pedro Margarit, era el militar. Se trataba de un hombre endurecido
en las guerras contra los moros y por supuesto, fanático defensor
de la monarquía y de todo lo que ella simbolizaba. Fernando Boyl
el Sacerdote oficial, pasaría prontamente a ser relevado por Fray
Ramón Pané, Don Pedro de Las Casas era el comerciante y
pasaría a la historia redimido por su hijo Bartolomé de
Las Casas, defensor de las indios. Para Europa el descubrimiento de Las
Indias daría origen a una nueva historia. Para los indios del Caribe,
ese descubrimiento terminaría con la propia. Y el término
de esa historia comenzaría con el aniquilamiento físico
de sus protagonistas. Para finales del siglo 1ó, los arauacos Taínos
hablan sido totalmente aniquilados en las Antillas Mayores -Cuba, Puerto
Rico e Hispaniola- y sólo un puñado de Caribes sobreviviría
en la pequeña antilla Dominica:
The West Indies became a backwater, whose main function
was to supply food to the more developed parts of the Spanish empire and
to service the fleet traveling to and from the mother country. The number
of Tainos in the encomiendas continued to fall. Some indians discouraged
by their lot, committed suicide, hanging themselves or poisoning themselves
with cassava juice. Many died un the smallpox epidemic of 1519. Others
fled into uninhabited territory or took refuge among the Caribs. (The
Tainos, Irving Rouse, 1992).
De los pueblos arauacos y caribes nos queda los horrores de su aniquilamiento
contados por Las Casas,
Como andaban los tristes espafioles con perros bravos
buscando y apedreando a los indios, mujeres y hombres, una india enferma
viendo que no podía huir de los perros, para que no le hiciesen
pedazos como hacían a los otros, tomó una soga y atóse
al pie, un niño que tenía de un año y ahorcóse
de una viga, y no Io hizo tan presto, que llegaran los perros y despedazaron
al niño, aunque antes que acabase de morir, Io bautizó un
fraile. (Tratados, México, 1955).
Los propios enemigos de los indios han confirmado tales relatos. Los
suicidios de indios eran para Fernández de Oviedo una prueba de
que, "... esta gente de su natural es ociosa y viciosa...muchos de
ellos por su pasatiempo se mataron con ponzoña y otros se ahorcaron
con sus manos propias" (Historia general, p.142).
Nos queda además los relatos de la valiente y repetida resistencia
de caciques como Caonabo, Guarionex, Agueybaná, y Enriquillo; de
mujeres como Yuisa y Anacaona; y de jóvenes como Guamá y
como Hatuey. Nos queda también La Relación acerca de las
antigiiedades de los indios de 1498, mejor conocida como La crónica
del agua. Es interesante notar que por la situación política
que se vive en el Caribe, son muy pocos los especialistas en literatura
Colónial que conocen o han leído La crónica del agua
(esto es fuera de los especialistas en la región). Sin embargo,
todos conocemos El chilam Balam, El popol vuh, Guamán Poma y las
poemas de Nehahualcoyolt, para dar algunos ejemplos. ¿Por qué?
Tal vez porque pueblos diezmados que pasan de las manos de un imperio
a otro, pasan por un porceso Colónizador sistemático, que
Arcadio Díaz-Quiñones ha denominado, muy ceteramente "la
memoria rota". El pasado se borra o pretende borrarse. En la situación
Colónial sólo persiste aquello que el Colónizador
permite que persista.
Cuando a finales del siglo XV, Colón encarga al catalán
Ramón Pané -"pobre ermitaño de la Orden de San
Jerónimo"- la redacción de un tratado sobre "las
creencias e idolatrías" de los indios Tainos de la isla Hispaniola;
constatando que ellos "no tienen escritura ni letras" el fraile,
decide remitirse a lo que él identifica como el sistema autóctono
para conserver los hechos del pasado: una tradición indígena
oral "inscrita" en los golpes ritmicos del tambor. De ahí
que nos advierta en su Introducción:
... lo mismo que los moros, tienen su ley compendiada
en canciones antiguas, por las cuales se rigen, como los moros por la
escritura. Y, cuando quieren cantar sus canciones tocan cierto instrumento,
que se llama "mayohabao", que es de madera, hueco fuerte y muy
delgado ... y este instruments tocan, el cual tiene tanta voz que se oye
a legua y media de distancia. A su son cantan las canciones, que se aprenden
de memoria (ed. de Arrom, 1974, p.34).
Este tipo de comentario, desvía la mirada del lector de manos
la riqueza literaria y cultural de La crónica, narraciones como
las del "Nacimiento del mar" o "El poder del Cemi"
se dejarán al margen - como una especie de para- texto-.
Es Irving Rouse, quien mejor explica, cómo es recibida entre los
españoles La crónica del agua,
Many Spaniards were repelled by the Taíno narratives
and their religion. They have said to have burned hundreds of cotton zemis,
believeing them to be representations of the devil. They carried few Taíno
artifacts of any kind back to Spain, presumably because so many of them
were decorated with zemis, and although Pané's Relación
has been termed the first anthropological research in the New World; and
the first literature written there (Arrom 1988), it was forbidden by the
Spanish authorities and as a result Taíno culture and their narratives
are poorly represented among the discourse of indigenous people of the
Americas. (1992).
Colocado ante la alternativa de presentar una transcripción fiel
de las narraciones taínas, quizá poco inteligibles para
un lector europeo, o de reelaborar la trancripción según
los códigos que rigen la escritura y el discurso "racional"
- léase además colonizador-, Pané opta - elección
histórica- por la 1ra solución, abierta a la radical otredad
del discurso indígena - entiéndase además colonizado.
Traducción aparte, Pané se expresa "directamente"
en el texto, entrecortado por las descripciones etnográficas, la
narración de algunas vivencias y los comentarios "personales"
-en rigor, prejuicios de la época- de compilador. "El resultado,
se resiente algo, desde luego por" la deficiencia de conocimientos
linguísticos del transcriptor", según Bartolomé
de Las Casas, aunque en realidad esto era inevitable en aquellos momentos.
El gesto histórico de Pané, inauguró no sólo,
como a menudo se afirma, la etnografiía americana, sino una nueva
práctica literaría destinada a un porvenir excepcional.
En toda Mesoamérica y el ex Tauantinsuyo andino, a 1o lárgo
de la centuria que sucede a los primeros contactos entre europeos y autóctonos,
decenas de misioneros, clérigos, funcionarios coloniales, historiadores
y miembros letrados de las aristocracias indígenas se dedican con
ahínco a "rescatar" por medio de la escritura alfabética,
las antiguas tradiciones orales amenazadas de extinción. No mueve
a estos recopiladores ningún desinteresado afán científico
o literario; casi todas las recopilaciones conocidas son el resultado
de un enecargo oficial y afirman obedecer las consignas de la instancia
patrocinadora -Iglesia, Inquisición, Administración. Siempre,
sin embargo, la dinámica propia del discurso rescatado desvía
parcial o totalmente los textos escritos de su motivación inicial,
creando una polisemia tipicamente literaria. No se debe por lo tanto,
olvidar, que en todos los casos, el discurso oral indígena "se
petrifica", por su transcripción y se desvía de su
público elitista de los letrados colonizadores.
Asistimos así, a la fabricación de un discurso indígena
ficticio, claramente instrumental: su función era denunciar la
bestialidad tradicional de la vida indígena tradicional -comparándola
a los moros por ejemplo-, demostrando la necesidad indiscutible de su
domesticación y ultimadamente su "expulsion" del territorio
colonial - lo que en parte explica la desaparición tan temprana
del elemento indígena en el Caribe. Martin Lienhard, ha propuesto
el término "etnoficción" para nombrar la literatura
cuya estrategia fundamental consiste en creación de una perspectiva
étnica" ficcional. En el caso del Caribe no sólo se
ficcionaliza su narrativa sino que años después se verá
excluída -por su poca diseminación y por la poca importancia
(a pesar de ser históricamente narrative fundante y fundacional)
que va a tener frente a lo que podríamos llamar "el canon"
de las narrativas pre-colombinas.
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