Miguel Barnet: la africanía como toma
de conciencia de la cultura nacional cubana
por Mirza González
Entre los autores que de manera determinante han manifestado la expresión
de la africanía como fenómeno intrínseco de "lo
cubano" se encuentra Miguel Barnet. Antropólogo, poeta, fabulista
y autor de novelas, Barnet ha escrito cuatro obras importantes dentro
de este último género: Biografía de un cimarrón
(1966), Canción de Rachel (1969), Gallego (1981) y La vida real
(1986).1 Según Roberto González-Echevarría Biografía
de un cimarrón constituye el eslabón entre la literatura
contemporánea y el movimiento afro-cubano, y es una re-escritura
de las novelas de la esclavitud del siglo XIX (Novel, 249). Esta primera
novela de Barnet, recuento de las memorias del esclavo liberto Esteban
Montejo, se basa en una serie de monólogos, divididos en tres partes,
coincidentes históricamente con los períodos de la esclavitud,
la abolición y las guerras de independencia. La obra, además
de establecer al autor como pionero de la literatura testimonial en Latinoamérica,
es un instrumento valioso para la investigación etnográfica
cubana con sus detalles sobre la vida de los esclavos, danzas e instrumentos
musicales, preparación de alimentos, la religión y otros
elementos.2 Canción de Rachel y Gallego, consideradas por los críticos
junto a Biografía de un cimarrón como parte de la trilogía
cubana, contienen también detalles sobre el africanismo, pero esta
vez presentados por un personaje dentro de la obra de diferente etnia.
La vida real difiere de las anteriores porque trata los problemas de la
emigración cubana a Nueva York.
Aún cuando el aspecto testimonial ha sido analizado en las novelas
de Barnet, la representación del elemento africano y sus relaciones
interraciales en el intrincado tejido social de la época no se
han enfocado suficientemente en Canción de Rachel y Gallego. En
ellas intenta presentar el autor la composición racial de la Cuba
de esos años y la evolución de la etnia negra através
de una época determinada desde el punto de vista artístico
y social. En ambas obras aparece abiertamente el individuo de color como
objeto de discriminación; siendo la segunda, además, documento
de las oportunidades que la revolución castrista ofrece a tales
personas.
El autor manifiesta en ambos trabajos la presencia innegable de individuos
como Rachel y Manuel Ruiz en la sociedad y el papel que juegan como elemento
formativo de la cultura cubana; el dinamismo generado por su presencia
y sus acciones dentro de su entorno en un tiempo dado; y la realidad y
trasfondo social, histórico y político de la cual dejan
constancia como testigos de la época.
Es parte del desarrollo o crecimiento de estos caracteres de Barnet el
buscar su lugar dentro del conglomerado humano que les ha tocado vivir.
Como escenario de fondo, y para completar el cuadro social en esta "indagación
de lo cubano," Barnet incluye en sus novelas una galería pintoresca
de tipos y personajes, blancos y de color. El resultado final, Canción
de Rachel y Gallego, aportes valiosos al caudal étnico-cultural,
permite la comparación con las novelas de Anselmo Suárez
y Romero y Cirilo Villaverde. Explica Roberto González Echevarría
el mérito de estos últimos autores en lo que considera ser
un intento de re-valorización de la identidad nacional al decir:
Es hora de que nos demos cuenta (de) que el costumbrismo es un importante
proceso de inscripción literaria mediante el cual el medio circundante
se incorpora a la tradición escrita. Describir, jamás es
una actividad inocente; describir los usos y costumbres de los negros
(como hacen Suárez y Romero y Villaverde)es incorporar lo negro
a lo que se entiende como cubanidad (Isla a su vuelo fugitiva, 245).3
Como punto de partida debe establecerse que estas obras representan a
los individuos de la raza negra no en su papel protagónico, sino
como partes del conglomerado social en el que funcionan los personajes
principales blancos. Reflejan de esta manera los caracteres de color la
medida exacta de su posición marginal dentro de la sociedad cubana.
En Canción de Rachel, la protagonista es una "vedette"
cubana, descendiente de europeos, de padre alemán y madre húngara,
que cuenta sus memorias desde 1902 hasta finales de los años veinte.
La trayectoria de su vida es presentada en los seis capítulos de
la novela. Comienza Rachel en su primer trabajo de corista en un circo,
continúa como actriz del teatro Tívoli y más tarde
se muestra durante su época de mayor fama en el teatro Alhambra.
Con el paso del tiempo, la aparición del cine y el desmantelamiento
del Alhambra, Rachel se dedica a otras actividades lucrativas, entre ellas
el ser propietaria de una casa de citas. Las personas de color aparecen
en esta obra vistas através de la protagonista y de los testimonios
intercalados de otros personajes que trabajan y conviven con ella.
Rachel contaba entre sus habilidades artísticas el haber popularizado
el personaje de la mulata y sus varias caracterizaciones a escala nacional
en el teatro. Confiesa que para representar a sus modelos se empapaba
de su apariencia, sus gestos y su manera de hablar, definiendo los diferentes
tipos físicos de la manera siguiente: "la mulata conga es
aquella sin barniz, la primitiva; una mujer con bozal y argollas. Es chancletera,
vendedora de bollos o jardinera.. la retórica, el tipo opuesto
... usa faldas más bien anchas, habla bajito, pronuncia las eses,
usa espejuelos, se plancha la pasa todos los días y lee, cosa rara
entre las negras"(79).4
Desde el principio de la obra, la "vedette" comenta la discriminación
racial que observa en sus viajes por la isla. Los parques de Santa Clara,
por ejemplo, ". . . están divididos por una franja invisible,
de un lado el blanco, del preferencial claro, y del otro el negro. En
Santa Clara ha sido siempre así. Mucho racismo. Al circo iban pocos
de color. Y los que iban se encaramaban arriba, en las gradas altas"(62).
Acebal, personaje secundario, actor como Rachel y amigo suyo, personifica
al famoso "negrito" del teatro cubano.5 Comparte Acebal con
Rachel la escena del Alhambra y juntos van a los solares para copiar el
estilo de las personas de color. Los comentarios de este actor son constancia
fehaciente de una actitud estereotípica hacia los individuos de
la raza negra. De esta manera describe su "disfraz": "Un
pañuelo en la cintura, preferiblemente rojo, otro al cuello, una
buena navaja con filo de uña, sombrerito de pajita, (y) dentadura
blanca como el coco"(120).
Debe hacerse notar la ironía de Barnet en la creación de
este actor blanco que representa al africano en el teatro. En síntesis,
y de manera directa, el actor perfila a este personaje "gracioso"
que mueve a la risa por su tipo caricaturesco: "Yo figuraba el negrito,
que era lo que me hacía lucir. El negrito simpático, jaranero,
el loco, el que se dejaba apalear cuando le convenía... un personaje
de filón social y político..."(119)
En un tono de simpatía aparente hacia la raza, las siguientes
aseveraciones de Acebal no hacen más que manifestar sus apreciaciones
racistas y tendenciosas:
Los negros, para mí como blanco, son distintos; se mueven más
como muñecos que como hombres de carne y hueso...Ese espíritu
era el que yo trataba de darle al público, el verdadero espíritu
del negro: frivolidades y excentricismos. El negro nunca ha sufrido lo
que el blanco, porque ha sido más guarachero, y las cosas para
él pasan sin causarle lesión alguna. No hay más que
ver lo dados que son al baile y la música... (119)
Como Rachel, Acebal se engaña y cree que la gente de color aprecia
y agradece la cabalidad de su caracterización: "La raza de
color siempre me vio como un embajador, me trataban a cuerpo de rey porque
sabían que yo había logrado una cabal estampa de su idiosincrasia"(119).
Tuvo problemas una vez con quien él llama negro hampón,
y cuenta que éste lo amenazó con navajazos "por payaso
y figurón"(120). Através de este individuo y otros
descontentos con sus representaciones se percibe que la raza de color
no aceptaba esta caracterización dramática y deseaba que
las imágenes presentadas al público fuesen más positivas.
Deja constancia de ello, y de la falta de oportunidades del negro en la
sociedad de aquellos años Acebal, al alegar:
Todo lo que ellos querían era que yo llevara a las tablas de nuestro
teatro al negro refinado o al natural, no sé. Por aquellos años
era imposible. Un negro de escuela era muy escaso, un negro orador, lo
mismo; un político, ni hablar; entonces, ¿qué íbamos
a hacer? Pues teníamos que representar al negro refistolero, al
muñecón, el canalla"(119).
Otra muestra del racismo vigente durante la época de Rachel, aparece
através de un hecho histórico, incorporado con gran realismo:
"la guerra de los negros."6 Sobre ella da detalles la artista
en el texto de la novela: "empezó por lo de la ley Morúa...
(Este) Quiso hacerse famoso y lanzó una ley prohibiendo las sociedades
de color... La ley le costó la enemistad de muchos de su raza y
la cosa llegó a la manigua. Los negros se alzaron en toda la provincia
de Oriente, en Las Villas, y no sé si en la Habana..." En
Santiago cada vez que un blanco veía a un hombre de color por la
calle le disparaba. En la Habana "al negro que veían medio
relambido se la cortaban"(69).
En el país se alega que el bando negro se rendía por bebida
o por dinero. Comenta Rachel: "Esa guerra se hizo a base de mucho
ron. Los jefes eran todos borrachos y viciosos. La prueba mayor la dio
el general Monteagudo que salió retratado en la prensa con dos
negros alzados y varias botellas de ron de caña"(67).
Complementa Rachel el cuadro con comentarios y citas de periódicos
de la época donde satirizaban a los dirigentes negros con caricaturas
y versos: "...en la Política Cómica...se veía
en un rincón a un general de campaña, con una bolsa en la
mano y una espada en la otra, dándole maíz a una banda de
totíes"(70).7 La actriz cree que el bando de color se vendió
por dinero e intercala en sus observaciones comentarios racistas: "creo
que al negro no se le puede dar mucha ala...Los negros son peligrosos
con un machete en la mano, muy peligrosos... Morúa fue un hombre
decente del gobierno, pero tenía la desgracia de ser mulato"(66).
El personaje de Rachel está revestido de una gran ironía.
Mientras que se gana la vida representando en los escenarios a las mujeres
de color a quienes explota en la vena artística y cree conocer,
su actitud personal hacia la raza revela su falta de sensibilidad. Por
un lado aduce no ser racista: " Yo siempre he tratado con todos:
negros, mulatos, jabaos, chinos, blancos...He sido una liberal y demócrata
en ese punto. Nunca me ha gustado discriminar a nadie, ni siquiera por
el color.¡Cuántas veces no me dijeron cochina por hablar
en plena puerta de mi casa con uno de color!"(121) Pero, por otro,
no deja lugar a dudas de cuales son sus preferencias raciales: "Yo
creo que la solución es que el negro se quede como negro y el blanco
como blanco. Cada uno en su justo y humano lugar, sin mezcolanzas innecesarias.
Yo he tenido criadas negras, "maniquiuris" negras, choferes
negros, cocineras, y con todos me he llevado bien. Yo aquí en mi
sitio y ellos en el suyo (122).
Por otra parte, en la Canción de Rachel hay pocos detalles sobre
la religión afrocubana. En referencia al asunto, Rachel recuerda
en una ocasión que en su antiguo vecindario encontraba en la puerta
"pollos, plátanos burros enlazados con trapos rojos, (y) quilos
prietos"(103). Es muestra de ignorancia religiosa el invocar en sus
rezos a dos "santas" protectoras: Mariana Grajales, madre del
patriota cubano de raza negra Antonio Maceo, y Santa Bárbara, cuya
oración siempre lleva y coloca en momentos de apuro bajo vasos
de agua.
El protagonista de Gallego, Manuel Ruiz, es un emigrante de Galicia que
llega a Cuba a los 16 años y allí se queda hasta cumplir
los ochenta. La novela abarca desde principios del siglo XX hasta los
años sesenta. En ese lapso se incluyen la salida de España
hacia Cuba, la lucha por hacerse de una manera de vivir desempeñando
trabajos como carbonero, carpintero, chofer de tranvía y albañil
y su afán por sacar adelante a la familia. Ruiz vuelve a España
en dos ocasiones, una de ellas coincide con la guerra civil donde pelea
del lado republicano. Mientras vive en la Habana es testigo de los años
gangsteriles del gobierno de Grau, del priato y del golpe de estado batistiano.
La novela termina en los primeros años del gobierno revolucionario
de Castro.
Siguiendo la técnica del género testimonial, Gallego utiliza
en su mayor parte la narración en primera persona. Es interesante
no solamente lo que Ruiz comenta como resultado de sus observaciones,
sino también la narración de sus relaciones, íntimas
o amistosas, con mujeres y hombres de color.
Ruiz deja nota sobre la raza africana desde que evoca conversaciones
oídas de niño en España sobre Cuba y sus mujeres
morenas. Su llegada a la isla inicia un largo desfile de mulatas y negras
que circulan por toda la novela. En su primera impresión visual
Ruiz entreteje su opinión personal en las descripciones femeninas,
dejando entrever la índole de sus conexiones futuras con la raza
negra:"Para mí aquella piel era teñida, no estaba yo
acostumbrado. Después me gustó mucho el café con
leche en vaso grande, como le decían aquí a las mulatas
tiposas"(65).
Hablando de las distintas mujeres que conoció menciona el producto
de la mezcla racial entre el chino y la africana: "son esas mulatas
chinas trabaditas que saben a mantecado y no les caen los años"(96).
Describe el tipo físico de Librada, una de sus amantes, que "tenía
algo de chino, aunque muy poco. Se le notaba nada más en los ojos.
El pelo lo tenía rizado como la madre, pelo de estropajo de aluminio"(96).
Otro tipo femenino interesante con el que Ruiz mantiene una relación
amigable es Manuela, a quien describe de la manera siguiente: "Manuela
no era de la vida. Era una mujer alegre. Le daba de comer a sus amigos,
hacía cuentos picantes, bailaba la rumba, nada más"(106).
Muchos peninsulares la visitaban atraídos por su alegría
y su fama de buena cocinera. Dice de ella: "le gustaba el migajón
de pan, porque era piola. Todos los que íbamos allí éramos
blancos peninsulares. Ella era un alma mater negra"(105).
Queda como testimonio en Gallego el trato que se le daba a la mujer de
color durante los primeros años de la república. Al principio
de la novela aparece como animal de trabajo u objeto sexual, personaje
pasivo que aún carga el bagaje de la tradición abusiva esclavista.
En esos años se percibe como víctima de la familia, aprovechadora
de los beneficios y regalos recibidos de sus amantes o amigos. Cuando
una de sus primeras novias mulatas no acudía a la cita, Ruiz "la
iba a buscar con imán a su casa en Puerta Cerrada. El imán
era un peso o una mano de platanitos manzanos. Los muchos hermanos que
ella tenía y la madre sabían más o menos que yo andaba
husmeando la carne. Pero calladitos y conformes, eso sí"(79).
La mujer de color aparece en Gallego representando distintos papeles sociales
y por consiguiente ejerciendo el poder que cada una de esas posiciones
conlleva. Durante la juventud de Ruiz sus relaciones son con sirvientas,
amantes suyas o de sus amigos también españoles, y brujeras.
Parece que la relación de estas mujeres con el hombre español
las eleva algo en la escala social, especialmente si estos tienen un negocio
productivo. Es usual en la novela que los españoles legalicen su
situación con ellas al paso de los años. Las brujeras gozan
de respeto entre sus conocidos y reciben regalos y recompensa económica
por sus trabajos. En la trama novelesca de Gallego, durante el período
revolucionario, las mujeres están más educadas, expresan
sus opiniones políticas y tienen voz en los asuntos económicos
de la familia.
Ruiz conoce a su futura esposa, América, cuando se muda para una
accesoria de personas de color. Esta, veinte años más joven
que él, era viuda y tenía una hija. Años más
tarde, después de la revolución fidelista, Ruiz y América
se casaron.
Durante sus años de juventud y madurez, Ruiz se aproxima a lo
femenino con ojos rapaces y un gran sensualismo. Con el devenir de los
años se percibe un cambio en su actitud coincidente con ciertos
adelantos en los esfuerzos de la revolución en pro de la educación
al alcance de todos, la liberación femenina y la igualdad de privilegios
raciales. Entre los logros de las mujeres de raza negra se cuentan el
aumento de oportunidades para obtener una educación y el consiguiente
beneficio económico. Las dos hijas de Ruiz se educan. Como mujeres
de color, ellas tuvieron más oportunidades que las generaciones
anteriores. En América hay independencia intelectual: se interesa
en la política, vota por Grau, simpatiza con Chibás, y es
priísta. En sus ocupaciones evoluciona de lavandera a co-propietaria
de una cafetería, ayudando a su esposo hasta que la revolución
la interviene. Termina la novela de forma abierta y optimista. Ruiz ha
vivido con dignidad, crió una familia decente, y sus hijas se han
educado.
Aunque la presencia femenina mulata en la novela es abundante, Ruiz tiene
relaciones amistosas muy positivas con hombres de color y cuando decide
abrir un negocio lo hace en sociedad con sus amigos africanos.
Ruiz deja constancia de manifestaciones religiosas de la etnia negra
en la sociedad cubana de la época por medio de descripcones de
ídolos y altares, de adornos corporales, o alusiones a barrios
donde se concentraban los seguidores de estas creencias. El protagonista
recibe sus primeros conocimientos sobre la religión afrocubana
através del matrimonio interracial de los Gordomán, quienes
vivían entre espiritistas, ñáñigos y santeros.8
La mujer practicaba la santería y llevaba sus collares correspondientes
y Gordomán, a pesar de ser gallego, compartía esas creencias.
La relación de Ruiz con Librada fue su experiencia más directa
con estas manifestaciones. La madre de Librada adivinaba con caracoles
y era espiritista. Con Librada aprendió la numerología y
otras supersticiones, y en su casa vio por primera vez un altar de santería
con todos los artefactos.9
Deja constancia aquí Barnet de un detalle histórico: el
hundimiento del barco español Valbanera en 1919. Alega Ruiz que
los espiritistas en la Habana ganaron mucho dinero engañando a
los familiares de los tripulantes del barco con mensajes inventados: "Librada
y la madre cogieron muchos pesos con el cuento de que el Valbanera estaba
dando señales de vida. Los familiares, casi todos gallegos, iban
allí a averiguar"(100).
La mujer de Eladio también practicaba esta religión y tenía
una influencia muy grande en Regla. Le decían Madrina, porque reunía
en su casa a muchos ahijados y les daba dulces y ron. Aducía que
tenía poderes y que había cruzado la bahía de la
Habana por debajo del agua como Susana Cantero, una santera famosa. Alegaba
que podía atraer a las auras tiñosas con sus ensalmos.10
Ella cantaba y las auras tiñosas la rodeaban, mansitas. Entonces
las vestía con unas sayitas azules y salían volando obre
los techos de Regla y Guanabacoa... La habían acusado de bruja
porque las tiñosas le caminaban detrás y los niños
salían despavoridos.. cuando el juez le iba leyendo el acta con
la multa, ella empezó a cantar bajito. Al final salió al
patio y cantó más alto, y fue cuando empezaron a bajar las
tiñosas y a posársele en los hombros(137).
En general, Ruiz percibe a los cubanos de todos los niveles sociales
como practicantes de las religiones africanas, específicamente
de la santería. Menciona la relación del Presidente Machado
con estas religiones al ser informado por un amigo suyo que éste
"era brujo y llevaba calzoncillos rojos en nombre de Santa Bárbara
o Changó"(121). En distintas ocasiones Ruiz habla de la idiosincrasia
del cubano a quien ve como un individuo supersticioso y bronquista, pero
noble, que a la vez en medio de la tristeza se rehace y canta o ríe,
burlándose de sus propias penas. Le atribuye esas características
a la influencia africana.11
La novela presenta problemas de injusticia social y discriminación
hacia el inmigrante. Al sentirse discriminado también por ser peninsular,
Ruiz se solidariza con la raza de color: "El gallego ha sido muy
burlado, pero el negro ha sido más discriminado, que es mucho peor"(107).
Yo tuve algunos conocidos negros cuando empecé de peón.
Casi todos los peones eran negros o gallegos. Todo lo hemos compartido
juntos; mucho más yo, que he quemado tanto petróleo... Negros
y blancos trabajaban igual"(123).
La relación entre los españoles y las personas de color
se muestra en las descripciones de lugares de paseo público en
la Habana. En la siguiente escena en el Luna Park aparece la pareja tradicional
del negrito y el gallego, estereotipos de lo cómico: el cómico
Garrido y su madre bailaban la rumba de cajón. Ella con pañuelos
rojos a la cintura y él con zapatos de punta y camisa guarabeada.
El Luna Park tenía kioscos y carpas de teatro.
Ponían sainetes cómicos entre gallegos y negros. El gallego
siempre pagaba las de quinto, porque el negro lo quería timar.
Sólo que el gallego, muy cazurro, se las arreglaba para joder al
negro por detrás. Bailaban rumba y ponían al gallego de
brazos para arriba, como si estuviera personificando una rumba a lo muñeira.
El gallego del Luna Park tocaba la guitarra y el negrito la flauta, cosa
rara entre un gallego y un negro. Lo mejor de todo es que los dos eran
cubanos. Ni el gallego era gallego ni el negro era negro. Se pasaba porque
el teatro lo admite todo"(143).
En conclusión, Rachel queda como un documento acusatorio a la
discriminación racial. Es evidente que ella, a pesar de haber vivido
en la pobreza por muchos años de su vida, en contacto con las clases
bajas y de color de la ciudad, se considera tácitamente superior
por la blancura de su piel. No son creíbles sus aseveraciones no
discriminadoras, en su negación está la evidencia. Rachel
hace papeles de mulata a la perfección y baila la rumba y otras
danzas negras con gran éxito, demostrando que sólo se aproxima
a la manifestación de lo africano para explotar el filón
artístico.
Manuel Ruiz representa al español en su período de transculturación
y ajuste, uniéndose a la mujer de color para dar origen al criollo.
La fuerza sexual lo une a la mujer en relaciones esporádicas, para
quedar atrapado más tarde afirmando la relación con el matrimonio
y estableciendo la familia de constitución bi-racial. Ruiz es un
fiel representante de la sociedad cubana del siglo veinte, época
que carga con el bagaje discriminatorio hacia el negro y que la revolución
castrista trata de eliminar en su afán de igualdad económica
y racial, conminando a la mezcla de razas. Es indiscutiblemente esta novela
un homenaje a los supuestos logros revolucionarios vistos específicamente
en Gallego en el doble aspecto de la liberación femenina y la superación
de la raza negra.
Ambos, Rachel y Ruiz devienen como ejemplos de la colectividad en que
han vivido. Através de ellos se perciben los sentimientos de los
personajes blancos de su época hacia la negritud. Ambos, en su
papel dual, Ruiz como peninsular e inmigrante, y Rachel como mujer blanca
y artista, dan una visión plurivalente de la sociedad cubana. En
su desconexión tienen la facultad de ver la "otredad"
desde fuera. La "cubanización" de Ruiz, y la imitación
artística de Rachel, son intentos de compenetración para
ser el "otro". Rachel es la personificación de un fallo
social: la imposibilidad de aceptación del negro como parte de
la etnia nacional. Mientras vive entre ellos no deja constancia de su
existencia. Más tarde sale a buscarlos y visita sus barrios, conminada
por la necesidad de ser como esos personajes para interpretarlos con toda
veracidad. En ella hay una incomprensión y falta absoluta de reconocimiento
hacia los aportes africanos a la cubanía.12 Ruiz, por otra parte,
es el hombre puente, punto de enlace entre el racismo que viene del siglo
anterior y la sociedad futura que, según Barnet, está siendo
pavimentada por los nuevos postulados de la revolución castrista
en cuanto a las relaciones entre las razas y las mayores oportunidades
de educación.13 Quedan estas obras de Barnet como literatura que
establece fundamentos culturales donde se plasma el testimonio de una
época y una sociedad.
NOTAS
1.- Otras obras significativas de Barnet son: La piedrafina y el pavorreal
(poesía, 1963), Isla de güijes (poesía, 1964), La sagrada
familia (Premio Casa de las Américas, 1967), y Akeké y la
jutía (fábulas, 1978).
2.-Para información sobre Barnet y su obra testimonial consultar
el artículo de Levine (32-6), y la teoría del propio Barnet
sobre este género documental (Unión, 99-123).
3.-Es necesario establecer la diferencia entre Barnet, Villaverde y Suárez
y Romero. Los últimos son costumbristas, mientras que Barnet se
separa del proceso creativo y asume el papel de "oidor" y "copista"
de un testimonio oral. Aunque Barnet emplea la técnica testimonial
no deja de intercalar en estas obras estampas del costumbrismo.
4.- Completaba la caracterización con canciones que ayudaban a
"definir" el tipo; para la conga: "Yo soy la negra Tomasa,/
la flor de Jesús María./No quiero parejería / ni
que me vengan con guasa;/ningún guapo se propasa / porque yo también
soy guapa./ Soy breva de buena capa / y al que me quiera probar/le digo
con picardía:/ ni te mojas ni te empapas." Y la retórica,
de hablar educado como universitaria:"Yo soy Concepción Baró,/estudio
filosofía/y soy en Jesús María/la llave del corazón./No
sé lo que es una rumba/ni una conga ni un danzón./Cristiana
soy, devota por religión,/y si de guasa se trata/aclaro que esta
mulata/no engaña con polisón"(78). Más información
sobre los bailes afro-cubanos y los negros catedráticos del teatro
bufo puede encontrarse en el libro de Zielina (171). Interesante destacar
que en la historia del teatro cubano aparecen el negro bozal, creado por
Creto Gangá (ver nota 5), y el catedrático, quien surge
por primera vez en la escena en la obra de Francisco Fernández
Los negros catedráticos, estrenada el 31 de mayo de 1868. Frente
a la creciente demanda del tipo, Fernández escribe otras dos obras:
Un bautizo y El negro cheche o veinte años después. Para
información adicional sobre este tipo consultar "El negrito
se hace 'catedrático'," (Leal,77-8).
5.- El personaje del negrito fue creado por el autor y actor cubano Francisco
Covarrubias hacia 1812 y se mantuvo en el teatro hasta 1959. En este papel
se destaca también Jose Crespo Borbón, conocido como Creto
Gangá, quien incorpora a la escena tres de sus tipos más
populares: el negrito, continuación del de Covarrubias, el gallego
y la mulata rumbosa. Crespo utiliza al negrito como recurso cómico
cuyo valor reside en ser bufón de la sociedad blanca. Es precisamente
esta imagen del negro la que es proyectada por Acebal y aceptada por Rachel.
Información adicional sobre la aparición y evolución
del negrito, puede encontrarse en Leal (30-5).
6.- El más grave conflicto que enfrentó José Miguel
Gómez durante su presidencia fue la insurrección capitaneada
por los generales haitianos Evaristo Estenoz y Pedro Ivonet en 1912. Hubo
gran violencia, principalmente en Oriente, a causa de que el gobierno
le había negado a Estenoz la inscripción de un partido político:
Independientes de Color. El general José J. Monteagudo, jefe del
ejército, fue designado por Gómez para aplastar la revuelta
subsecuente. Como resultado fueron muertos Estenoz e Ivonet. Para información
adicional, consultar Santovenia, E. y Shelton, Raúl (32).
7.- He aquí uno de los versos donde se ridiculiza a los dirigentes
del bando negro, Estenoz e Ivonet, quienes tuvieron muchos seguidores:
"Aquí tienen a Ivonet,/trigueño cubo-francés,/y
jefe rebelde que es,/quien pone a Cuba en un brete./Luce uniforme haitiano/de
su rango y jerarquía/y piensa ser cualquier día/ mariscal
afrocubano (69).
8.- Ruiz aglutina a estos creyentes en un mismo grupo sin establecer
distinciones que son importantes. Aunque todos proceden del Africa, el
espiritismo y la santería, junto a la macumba y el vudú
son ceremonias abiertas de religión y magia en las que participan
hombres, mujeres y niños; en cambio, el ñañiguismo
no es una religión, sino una especie de masonería o sociedad
secreta a la cual sólo pueden pertenecer como iniciados, juramentados
o profesos, los varones. Para más sobre ello consultar a Ortiz
(250) y Cross Sandoval (192-3).
9.- Los oráculos son importantísimos en la vida de los
creyentes en santería. Los dioses, através de ellos, proveen
repuestas o soluciones a los problemas del cliente. Los más populares
son los de los caracoles y el coco ya que ambos pueden ser consultados
e interpretados por todos los santeros dedicados al culto de cualquier
"oricha". El Tablero de Ifa y el Ekuele sólo pueden ser
usados por los babalaos, los sacerdotes de Orúnmila, el Dios de
la sabiduría (Cross Sandoval, 75-83).
10.- Usualmente el aura tiñosa es despreciada por alimentarse
de carroña; sin embargo, hay una historia interesante en la que
se resalta su importancia al salvar la vida terrestre, amenazada con extinguirse
durante una gran sequía ("Libreta de Santero," Cross
Sandoval, 113-6).
11.- Sobre la manera de ser del africano dice Ortiz: "los negros
se ríen y se burlan (de todo), por eso son maestros en la sátira,
son los manantiales del choteo... Su inextinguible buen humor y su espíritu
burlesco, que los ayudan a defenderse contra los desajustes sociales y
las inclemencias de la vida, se traducen en todo momento por una desbordada
fluencia satírica, que a veces llega a sarcástica; es un
equilibrio conciliador de tensiones, como diría Frobenius"
(296). Se puede consultar el análisis sobre esta particularidad
del carácter cubano en el libro de Mañach.
12.- La alusión al racismo de Rachel es una acusación de
Barnet hacia los individuos que se niegan a reconocer el acervo cultural
africano. Alega el autor en su entrevista con Bejel: "el problema
del negro me ha tocado directamente. Yo creo que políticamente
soy un negro también en la medida que tengo que tomar conciencia
de la cultura nacional, y la cultura de mi país ha sido muy enriquecida
por la cultura africana. Identificarme con los problemas de los negros
es natural" (28).
13.- Barnet ha dejado en claro su deuda a la revolución: "Yo
desperté a los valores cubanos gracias a la llamada de principios
que hizo la revolución." Más adelante confiesa que
sobre todo es etnólogo, y añade "quiero que mi obra
siempre tenga esa vibración humana y esa proyección social"
(Bejel, 24).
OBRAS CITADAS
Barnet, Miguel. Canción de Rachel. La Habana: Instituto Cubano
del Libro, 1969.
______________. Gallego. Madrid: Alfaguara, 1981.
______________. "La novela testimonio: socio-literatura." Unión
6, no. 4 (diciembre, 1969): 99-123.
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